jueves, 27 de noviembre de 2014

EL FINAL DE LOS AUSTRIAS EN MADRID. Las meninas o la familia de Felipe IV (1656, Velázquez)





Vuelvo a asomar el  blog de Historia para mostrar el interés que tengo por el arte de la pintura ,con algunos secretos de una gran obra que siempre tendrá algo que contarnos y siempre dará lugar a invertir un tiempo para contemplarla y admirarla como se merece.

La pintura es de 1656.

Cuando Velázquez pintó las meninas , el rey Felipe IV tenía 51 años y estaba enfermo.

Su política interior y exterior había llevado a España a una ruina económica que se dejaba ver en todos los rincones del país y en palacio se servía en platos de oro, intentando mantener las apariencias de una corte (la de los Austrias) que durante cinco generaciones se había mantenido en el trono casándose entre ellos, lo que les llevó a desarrollar algunas enfermedades de consanguineidad que de alguna manera repercutían en los asuntos de Estado.

Felipe IV había heredado un fuerte imperio que fue poco a poco perdiendo y no solo en lo que a territorios se refiere, sino a relaciones económicas, rebeliones, pérdida de rutas comerciales…todo se podía resumir en un absoluto fracaso.

En el cuadro de las meninas , Velázquez retrata a Felipe IV y a su mujer Mariana de Austria de una manera indirecta, reflejados en el espejo de la pared del fondo, desdibujados los rostros con esa maravillosa técnica impresionista del pintor.


En ningún otro cuadro de Velázquez aparecen juntos el rey y la reina, y en éste , aun estándolo, sólo se distinguen a grandes rasgos.

Pero en el centro de la escena se encuentra la infanta Margarita, con cinco años de edad, y que intenta transmitir una sensación de felicidad familiar y de riqueza, así como un futuro esperanzador en la persona de la pequeña infanta.



Cuando Velázquez pintó este cuadro Margarita era el único vástago de la familia real. Era la esperanza de que vendría un heredero sano también a un trono que ansiaba la descendencia masculina.La luz que tiene la niña tiene un significado muy claro: la esperanza.

Y la mirada de la niña, como la de casi todas las personas representadas en el cuadro, reflejan el ambiente de conciencia de clase que se respira en la sala, que es a la vez el estudio del pintor y guarda esa intimidad compartida con las personas “importantes” de palacio.

Las meninas , damas de compañía, eran de familias aristocráticas del país. La de la izquierda se arrodilla ,no como un gesto de cariño, sino para cumplir un precepto: “sólo de rodillas se podía ofrecer algo aun miembro de la familia real”. Y esto era considerado un privilegio.




La dama de la izquierda posiblemente sólo estuviera colaborando con llevar el jarrito.



Bufones y perro

Los bufones y enanos eran un recurso para soportar el aburrimiento en palacio. Pero, también es verdad que ninguna corte europea tenía tantos personajes de este tipo como la española.






La enana del cuadro, Maribárbola era alemana y enanito que está con ella era Nicolasito Pertusato, de Italia.




Los enanos podían hacer todas as gracias que quisieran, vivían al margen de cualquier jerarquía de la corte y se les trataba igual que a los animales de compañía, como los perros. Y no es casualidad que aparezcan en el mismo rincón de la habitación.

EL FINAL DE UN PINTOR


Velázquez lleva en el pecho la cruz de caballero de Santiago, aunque en 1656, cuando pintó el cuadro, no pertenecía aún a esa órden aristocrática.



Ingresó en ella tres años después cuando quedó verificada su “pureza de sangre” , es decir que no tenía ningún antepasado judío o moro.

Posiblemente la cruz fue añadida después por un pintor anónimo.

Pero además de pintor, Velázquez desempeñó el trabajo de aposentador real lo que implicaba una gran variedad de obligaciones con la corte y además debía atender muchos asuntos particulares del rey.

Muchas de estas misiones fueron agotadoras para el pintor pues debía trasladarse y viajar muchas veces para poder cumplir.

En 1660 tuvo que ir hasta la frontera con Francia para formalizar el compromiso de la hija de la primera esposa de Felipe IV con Luis XVI.

Al volver a Madrid, en Julio de 1660, escribió que estaba agotado después de este viaje…


Murió un mes más tarde

jueves, 6 de noviembre de 2014

Huertas de Picotajo en Aranjuez

Ahora que estamos estudiando el tema de los Austrias nos vamos a detener en las huertas de Picotajo en Aranjuez.


Plano original de la Huertas de Picotajo (mediados del s. XVI)

A mediados del siglo XVI Felipe II y sus asesores deciden iniciar un programa de construcciones asociado a la nueva capital, que había trasladado a Madrid.
Uno de estos lugares, junto con el Escorial y otros de menor importancia, es Aranjuez, que forma con Madrid y Toledo el triángulo de referencia para las nuevas actuaciones.
La función administrativa que se localizaba en la nueva capital, suficientemente alejada de Toledo, antigua capital del reino y sede del Primado de la Iglesia, se complementa en Aranjuez, con la puesta en valor de un territorio, perteneciente a la corona, con unas posibilidades muy importantes de desarrollo agropecuario que permitiera el abastecimiento de las dos grandes ciudades.
El transporte y acarreo de productos se pretendía hacer, en gran medida, por medio fluvial. A tal fin se encargan estudios de viabilidad para hacer navegable el Tajo hasta Toledo e incluso Lisboa, ya que Portugal se anexiona a la Corona en el último cuarto de siglo. Esta nueva actividad se acompaña con un complejo programa hidráulico y la introducción de un sistema de canales, que aprovecha en parte actuaciones anteriores como el azud del Embocador de tiempos de Carlos V, y permite el riego de toda la vega. En concreto el Caz de las Aves, el de Colmenar, los de la Cola Alta y Baja y otros de menor importancia han permitido desde entonces el aprovechamiento agrícola de la zona.

Junto al antiguo palacio de los Maestres de la Orden de Santiago, Felipe II decide construir un nuevo palacio, aprovechando así los jardines realizados por los Reyes Católicos y que conocemos como el Jardín de la Isla.

Vista idealizada del Palacio (antes de la intervención de Sabatini)

Para hacer las trazas tanto de Aranjuez como del Escorial hace llamar a Juan Bautista de Toledo, arquitecto adscrito a la corona que se encontraba trabajando en Nápoles y le pone como ayudante a Juan de Herrera.
El motivo de la elección de estos arquitectos posiblemente estuviera relacionado con su vinculación a la Casa Real. Primaron más consideraciones de fidelidad que el prestigio. Aunque ya Juan Bautista de Toledo hubiera trazado y construído la Cúpula de San Pedro de Roma y Juan de Herrera, procedente del séquito del Emperador Carlos V,fuera un experto tracista, matemático y astrónomo.
Dentro de este ambicioso programa de prestigio y desarrollo económico se decide la ordenación del paraje conocido como Picotajo, llamado así por encontrarse en una península que conformaban los ríos Tajo y Jarama antes de la Junta de ambos.
Desde el siglo XVI el curso del río Tajo se ha mantenido semejante, con leves correcciones de diques y malecones, pero el río Jarama ha modificado su curso de forma significativa, desplazándose más de tres Kilómetros en sentido Este.
Cuando Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera hacen el plano de las Huertas de Picotajo, existente en el Archivo General de Palacio, el río Jarama discurría más próximo a Palacio.
Un encargo sencillo de parcelación con fines agrícolas, estos arquitectos lo convierten en un compendio intelectual de geometría y astronomía, con fuerte carga simbólica, que responde perfectamente a su función.
Para la ordenación de todo este territorio proponen situar dos puentes, uno sobre el río Tajo con acceso desde el Jardín de la Isla y otro sobre el Jarama en la actual Puerta de Legamarejo que servirán de focos estructurantes para el conjunto.
Tomando dichos focos y la Calle de Entrepuentes, orientada perfectamente Este-Oeste con lo que en los equinoccios de Primavera y Otoño el sol sale y se pone por los puentes, se organiza una radiación utilizando para su trazado y replanteo el hexágono, polígono regular que maciza el plano y cuyo trazado es elemental, ya que el radio de la circunferencia que lo circunscribe es igual en tamaño al lado del polígono: con una cuerda y un jalón se traza un círculo y haciendo base en cualquier punto de la circunferencia, con el mismo radio se obtiene el lado del hexágono en su intersección con la misma.
El paso del hexágono al dodecágono se consigue doblando la cuerda que define cada lado.


Trazado del hexágono regular

La elección del dodecágono regular, además de su fácil replanteo, está ligada a la tradicional simbología semítica y sobre todo a los ciclos de la luna que definen los meses, las constelaciones y fundamentalmente las épocas de siembra y recogida de los frutos del campo.
Debido a la existencia de los Ríos no se pueden completar los polígonos en los puentes, solo se hace en la intersección de dos líneas, una procedente de cada foco, fuera del ámbito de Picotajo en lo que se conoce como Glorieta de las Doce Calles.
Este sistema de trazado es extrapolable al resto del territorio utilizando como hitos cualquier circunstancia geográfica.
Para la formalización en el terreno del trazado se recurrió a definir caminos delimitados por doble alineación de árboles y que dejaban entre ellos espacios de cultivo conocidos como tranzones. Este sencillo método operativo ha trascendido los siglos y ha marcado una impronta de tremenda importancia tanto para la arquitectura y el paisajismo por su temprana implantación.
El plano original de las Huertas de Picotajo no es un plano topográfico de replanteo sino más bien un ideario porque no se corresponde con el trazado que se llevó a efecto. Se da la circunstancia de que la solución realmente llevada a la práctica coincide exactamente con el trazado ideal, mientras que en el plano original hay defectos de dibujo.
Se acompaña un plano en el que se ha superpuesto el trazado actual sobre el plano original


Superposición del trazado realmente ejecutado sobre el plano original

Y se constata que la idea, en el sentido platónico, ha servido para organizar y ordenar el espacio haciéndose eco de la importancia que tuvo en el Renacimiento la consideración intelectual para el trabajo de arquitectos, escultores y pintores.
Además el uso de figuras y polígonos sencillos y reconocibles facilita la comprensión de las actuaciones, lo que no impide mantener referencias simbólicas como la del Sello de Salomón inscrito en el hexágono en un tiempo en que Felipe II, Señor de múltiples reinos, también era rey de Jerusalén.
Como consecuencia de la lógica inherente al proceso, era previsible que se hubiera mantenido algún vestigio de la localización de los focos o de elementos que se hubieran utilizado en su trazado.


Foto aérea del estado actual sobre la que se marcan los ejes y focos

Coincidiendo con las primeras labores de movimiento de tierra en la restauración de la Glorieta de las Doce Calles, se realizó una cata en el centro de la misma.


Aparición de la piedra fundacional

Debajo de sucesivos estratos de escombros, asfalto y zahorras apareció una piedra de Colmenar, de pie y medio de lado (42 cm aprox.), perfectamente orientada y nivelada que sirvió para el trazado de la Rotonda y formaliza el tercer foco de la radiación original.


perfilado de la piedra



Labores y trabajos de arqueología




Fase intermedia de los trabajos


Este descubrimiento tiene una gran importancia histórica pero también paisajista y arquitectónica. Demuestra que la singularidad de Aranjuez radica en una evidente ordenación geométrica y formal pero informada por el orden que le proporciona el rigor intelectual.



La piedra que confirma la teoria